viernes, 27 de enero de 2017

Escritura femenina. Mirada y cuerpo en la obra de Hélène Cixuos y Clarice Lispector.

     

  Si existe una dimensión esencial en la obra de Clarice Lispector,  es su posibilidad de ocuparse del mundo, en portugués,  tomar conta.  Una forma de  cuidado amoroso, que recorre objetos y situaciones para atisbar su propia interioridad. Lo hace en la construcción de un cuerpo-texto,  conoce el mundo como una madre que va a parirlo para donarlo  luego,  iluminado.
     Dice Hélène Cixuos  “No está dado a todo el mundo la aptitud de ser madre extranjera, tanto más madre como más extranjera. No se trata de abandono sino de levedad”. [1]
     Para Hélène Cixous  la posibilidad de ver en Clarice es un acto que instituye un lugar diferencial para su escritura. En su ensayo Ver a no saber, reflexiona sobre la obra de Lispector:
“Quería tener la fuerza de una ventana: y entonces miraría afuera con los ojos inmóviles quietos, pacientes muy abiertos, enmarcados en el marco de la ventana. Ojos ni de afuera ni de adentro, sino exactamente en el trayecto”.[2]
      Cixous encontró en Lispector la piedra de toque, el eje desde donde articular la inscripción del cuerpo y la diferencia de género en la lengua, dando cuerpo poético a la investigación sobre lo que llama “escritura femenina”, promoviendo la amplia traducción  y difusión de Clarice en  Europa y Estados Unidos.
     La búsqueda de una escritura femenina se basa en la deconstrucción del pensamiento  falogocéntrico, para dar lugar a "un pensamiento otro”.  Escritura de mujeres, pero no exclusivamente de ellas,  puesto que el concepto va más allá de cualquier restricción sexual hombre/mujer, de cualquier reduccionismo.  Se trata de una posición que posibilite dar lugar a lo marginal o excluido, a lo Otro.[3]
 “Ella era una mujer, pero no absolutamente, ella era una mujer con. Con hombre, con-contra-sin hombre o caballo o máquina de escribir. Pero madre lo era absolutamente. En la soledad de las madres verdaderas: Madre, Madera. Bruta. Grande. Primitiva”.[4]
       Para Hélène Cixous como lo expresa María del Carmen Vidal Claramonte:
“La liberación política está íntimamente ligada a la liberación lingüística, la escritura es ese lugar en el que no estamos obligados a reproducir el sistema. El encuentro de los cuerpos a través de los textos. El encuentro de los discursos es pura celebración: para  Cixous  la palabra otro está impregnada  de amor. El otro es el otro a quien hay que amar, no el extranjero, lo diferente”.[5]
         La pintura  es otra de las vías de encuentro de Clarice con el mundo y su interioridad. Su obra,  muy cercana al expresionismo abstracto, está ausente de  anécdotas o figuraciones,  utiliza los elementos constitutivos de la imagen plástica para testimoniar un estado del ser. Un trabajo que es también una experiencia física, erógena.
      En Agua Viva, su novela publicada en 1973, da voz a una mujer que centralmente pinta, pero va a buscar  en la escritura una  cuarta dimensión.  Va a testimoniar con palabras  lo que fluye de la vida.
    “Te escribo toda entera y siento un sabor en ser y el sabor en ti es abstracto como el instante. Es también con todo el cuerpo que pinto mis cuadros y en la tela fijo lo incorpóreo, yo cuerpo a  cuerpo conmigo misma”[6]
      Hay entonces una recuperación del cuerpo para el goce, antes restringido o parcelado. Cuerpo que extiende las fronteras en un texto que narra la vida sin someterla a singularizaciones pero desde un lugar pleno de responsabilidad.
    Sobre el final  pongamos en diálogo sus textos:
"¿Cómo no habría deseado yo escribir? Puesto que los libros se apoderaban de mí, me transportaban, me hacían sentir su poder desinteresado; puesto que me sentía amada por un texto que no se dirigía a mí, ni a ti, sino al otro; atravesada por la vida misma, que no juzga, que no elige, que toca sin señalar; ¿agitada, arrancada de mí por el amor? ¿Cómo habría podido, con mi ser poblado, mi cuerpo recorrido, fecundado, encerrarme en un silencio? Venid a mí y yo vendré a vosotros. Cuando el amor te hace el amor, ¿cómo no ibas a murmurar, a decir sus nombres, a agradecer sus caricias?"
                                                                     (Hélène Cixous, La llegada a la escritura).
“¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.
  A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante  “
                                                                     (Clarice Lispector, Felicidad clandestina)




[1] Hélène Cixous  Ver a no sabe,  en Un aprendizaje o el libro de los placeres. CABA. Ediciones Corregidor. 2013
[2] Hélène Cixous  op. cit.
[3].La risa de la medusa. Ensayos sobre la escritura en Letra de Donna http://www.ub.edu/cdona/lletradedona
[4] Hélène Cixous  op. cit.
[5]Rodríguez, Rosa. Vidal Claramonte. María del Carmen.  ¿Y después del posmodernismo qué? Escritura femenina; Barcelona. Antrophos, 1998
[6] Lispector, Clarice: Agua Viva.  Ediciones Siruela. Madrid. España

  Imagen fotográfica de Laura Rivera en http://enelaguadeltiempo2.blogspot.com.ar

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