martes, 7 de julio de 2015

Yésica y los trenes


Boceto en birome. Laura Vichi
























YESICA Y LOS TRENES*

Delgada, apurada, casi eléctrica,
en pocos minutos dibuja un cuerpito
de manos truncas y ojos vacíos.
La escuela es esa cárcel a la que entra
si la tía la lleva en bicicleta hasta la puerta.
Yésica sonríe, porque sabe pedir.
Adelanta la hoja, simpática y torpe,
reclama un diez, algo que compense
su esfuerzo, obligada a dibujar un cuerpo
que se le escapa.
Yésica casi no habla con las nenas,
a veces pelea. Lleva una camisa de jean
de un azul deslavado, desteñida como la figura
de un padre que se fue.
Cuando no va a la escuela
se queda en la estación pidiendo  monedas.
Casi nunca tiene miedo, salvo esa vez
que se quedó hasta tarde y cuenta: 
- Si están los grandes te “bolsillean”.
En los vagones viaja, se calma envuelta
en el fondo de un asiento, amparada en el hueco,
flota en el vaivén de un tren que la adormece.
Duerme y sueña, como si otro vientre
la llevara a un lugar nuevo.





* Cuando cumplió 12 años Yésica estuvo internada en el Tobar García. En el barrio cuentan que se escapó. 

                                                                             


María Victoria Fabre.  Mención de Honor en el 5º Concurso Literario Nacional "Paco Urondo". Villa María. Córdoba. 

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